Aerotermia en una vivienda existente: qué revisar antes de quitar la caldera
Cambiar la caldera por aerotermia es la reforma energética de la década, pero exige deberes: emisores adecuados, envolvente que acompañe, espacio para la unidad exterior y potencia eléctrica. La lista de comprobación antes de decidir.

La aerotermia es la tecnología ganadora de la climatización, pero quitar la caldera de una vivienda existente no es cambiar un electrodoméstico: es cambiar el sistema. La bomba de calor rinde al máximo a baja temperatura de impulsión, y la casa que fue diseñada para caldera de gas trabaja a alta. El éxito de la conversión se decide antes de comprar la máquina, en una lista de comprobación que los buenos instaladores aplican y los malos omiten.
Primer punto: los emisores. Los radiadores existentes funcionan con aerotermia si se sobredimensionan -más elementos, o radiadores de baja temperatura-, porque la máquina impulsa agua a 45-55 grados en lugar de a 70-80. La cuenta es térmica: a menor temperatura de impulsión, más superficie de radiador para el mismo calor. Donde hay suelo radiante ya instalado, la aerotermia encuentra su paraíso; donde hay radiadores justos, toca ampliarlos o aceptar rendimientos menores.
Segundo punto: la envolvente. La bomba de calor funciona mejor cuanto menos trabajo tiene, y la casa mal aislada exige potencia que encarece máquina y factura. La secuencia correcta en rehabilitación es envolvente primero -ventanas, aislamiento- y máquina después: climatizar una casa que pierde calor por todas partes es comprar una máquina mayor para un resultado peor.
Tercer punto: la instalación eléctrica. La aerotermia añade una carga significativa -la máquina y sus resistencias de apoyo- y la vivienda puede necesitar más potencia contratada, una línea dedicada desde el cuadro y, en edificios antiguos, verificar la acometida. El boletín eléctrico y la revisión de la instalación son parte del proyecto, no un trámite posterior.
Cuarto punto: el espacio. La unidad exterior necesita ubicación con ventilación, distancia a vecinos -el ruido, aunque moderado, existe- y apoyo resistente; la hidráulica -módulo interior, depósito de ACS- ocupa el espacio de la caldera y algo más. En pisos sin terraza ni patio, la ubicación de la unidad exterior es a veces el problema que decide el proyecto.
Quinto punto: la comunidad y las ayudas. En edificios de viviendas, la unidad exterior en fachada o cubierta puede requerir acuerdo de la comunidad de propietarios, y las ayudas a la rehabilitación energética -estatales y autonómicas- subvencionan la sustitución de sistemas fósiles por bomba de calor con porcentajes que mejoran mucho la cuenta.
El aislamiento es el capítulo previo que decide el éxito: la bomba de calor trabaja a baja temperatura -que es donde es eficiente- y la vivienda que pierde calor por todas sus juntas obliga a la máquina a trabajar en su zona mala -o directamente no llega-. La secuencia correcta es la física: primero envolvente -ventanas, aislamiento- y después máquina -o al menos el cálculo honesto de la demanda real con la casa que hay-. La aerotermia sobre la casa que gotea es el error caro del entusiasmo.
El espacio y el ruido son las preguntas de la vivienda existente: la unidad exterior necesita su sitio -terraza, patio, fachada con la normativa municipal y de la comunidad cumplidas- y su distancia acústica -la máquina trabaja de noche: el dormitorio del vecino y el propio mandan en la ubicación-. En el piso sin exterior propio la conversión es más compleja -y la comunidad de propietarios es parte del proyecto: el consentimiento para el elemento en fachada se pide antes de comprar la máquina, no después-.
Las ayudas y la cuenta cierran el argumento: los programas de rehabilitación subvencionan la sustitución de la caldera por la bomba de calor -especialmente dentro de paquetes con mejora de la envolvente- y la deducción por eficiencia puede acompañar. El balance económico frente a la caldera de gas es hoy favorable en la mayoría de los casos -la física del COP contra el precio del gas-, y el confort lo remata: calor estable, fresco en verano, agua caliente: una máquina para todo el clima de la casa -la caldera se jubila sin que se la eche de menos-.
Los emisores existentes son la prueba de fuego de la conversión: los radiadores de la caldera de gas trabajaban a alta temperatura -y la bomba de calor quiere agua templada-: o se dimensionan de nuevo -ampliar elementos o cambiar a radiadores de baja temperatura- o el sistema se apoya en el suelo radiante o los fan-coils. El cálculo de cargas habitación por habitación dicta la respuesta: la aerotermia no se conecta a la instalación heredada sin comprobarla -se diseña con ella: la conversión es un proyecto, no un cambio de máquina-.
La vivienda existente es, con todo, el mercado mayoritario de la aerotermia -la obra nueva ya la trae de serie- y su conversión es hoy tecnología madura con miles de casos: la revisión honesta de la envolvente, el dimensionado con cálculo, los emisores comprobados y la ubicación pactada. La bomba de calor llegó a la casa vieja para quedarse: es la pieza de la electrificación del hogar -y la reforma que la instala bien es la que deja la casa lista para el sistema energético que viene, que es eléctrico y renovable-.
El mantenimiento de la instalación es leve pero constante: filtros limpios, revisión anual del circuito y de las presiones, el desescarche comprobado en los inviernos fríos. Y el ajuste fino tras la primera temporada es el secreto de los buenos rendimientos: curva de calefacción afinada al clima real, consignas razonables, zonas equilibradas -la aerotermia rinde con la temperatura de impulsión más baja posible, y encontrarla es el trabajo de la primera temporada-. La máquina instalada por profesional serio y ajustada con paciencia cumple sus promesas de consumo; la sobredimensionada y mal regulada, no -y la diferencia entre ambas no está en la marca: está en el cálculo previo y en la puesta en marcha-.
La conversión bien hecha es el resultado de esa lista: emisores calculados, envolvente mejorada, electricidad verificada, espacio resuelto, ayudas solicitadas. La aerotermia en vivienda existente es la reforma con mejor futuro -la que elimina el gas, habilita el frío y prepara la casa para la fotovoltaica- pero premia la planificación y castiga la prisa. Quitar la caldera es lo último que se hace, no lo primero.
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